FILIPICA ROSISTA
Francisco Casiano Beláustegui fue un poderoso estanciero y saladerista del siglo XIX. Si nos guiamos por el diccionario biográfico de Vicente O. Cutolo, fue un ganadero que jugó del lado del federalismo urquicista, ayudándolo económicamente y como proveedor. Otras voces lo recuerdan como un proveedor, pero de prostitutas para ciertos personajones del medio. En 1849 participó de negociaciones con la banca Baring para mediar con el gobierno argentino respecto del pago de la deuda que éste tenía con la banca inglesa desde los tiempos de Rivadavia. Es entonces cuando Rosas le envía una carta que -según comenta Norberto Galasso ("De la banca Baring al FMI", Colihue, 2001, p. 38-39), "sería conveniente reproducir a la entrada de las Facultades de Derecho y Ciencias Económicas de la Argentina, como advertencia para cierta gente". Allí le dice, mejor dicho le enrostra el jefe de la Confederación: "Sabe usted cuál es el origen del empréstito de Inglaterra (se refiere al tristemente célebre préstamo de la Baring Brothers), sus condiciones, su objeto, su aplicación, sus funestísimos efectos. Contraído del modo más perjudicial en todos sus aspectos, por una administración de salvajes unitarios, sin plenitud ni legitimidad de mandato público a ese fin, fue legado con el penoso recuerdo de la malversación inmoral en que fue envuelto y dilapidado sin cuenta ni razón alguna (...)¿Cree que los argentinos y los miembros de la Junta de Representantes verían con sumo agrado su nombramiento de representante de extranjeros tal vez con intereses en pugna?"
Después de la larga recriminación del Restaurador, Beláustegui decidió echar cautelosa tierra sobre el asunto y no volvió a "sostener públicamente este tema".
JCJ
